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Cerré la aplicación de citas cuando finalmente entendí que la abundancia de posibilidades dentro del catálogo humano no hacía más sencilla la conexión real; apenas sofisticaba las formas del desencuentro. Renuncié. Y aun así, sin anuncio, sin permiso y sin lógica, vuelve ese vértigo absurdo y maravilloso de sentir esa alteración física que durante siglos…
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La ilusión de autenticidad empieza a volverse tan convincente que la confusión entre lo real y lo fabricado ya casi parece irrelevante. “¿Será IA?” Da igual. Mientras parezca real, será suficiente.
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No fue el año de construir, sino de mudar de piel. De soltar lo que ya no era verdad, de quedarse sin mapa y aprender a caminar sin saber. Un cierre de año honesto sobre lo que se cae, lo que se limpia y lo que queda.
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Por estas fechas conviene recordarlo: en más de una mesa familiar aparecerán las preguntas incómodas de siempre. “¿Dónde está el novio?”, “¿para cuándo el hijo?”, “¿sigues soltera?”. Habrá que estar preparadas: para sonreír, esquivar la respuesta o, si hace falta, cambiar la pregunta.
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¡Qué chingona eres, México! Tú, como la gente bonita, siempre te has mostrado con tu misma cara: caótica pero emocionante, ruidosa pero llena de vida, auténtica, diversa y fascinante.
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A veces pienso que sería más mainstream —y con toda seguridad más llamativo— dedicarme a escribir sobre consejos de belleza o recomendaciones de restaurantes de moda; seguro así aumentaría seguidores en Instagram y evitaría mostrar mi lado más frágil. Pero, ¿qué le vamos a hacer?, si casi siempre es de la incomodidad de donde nacen…
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Mañana saldré a comprarme flores de bienvenida y gritaré para mis adentros —como quien se da el abrazo que necesitaba hace tiempo: soy feliz, y esta vez no porque todo esté perfecto, sino porque por fin me tengo entera.
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Me acerqué a mi reflejo y ya no me vi rota. Le pedí perdón a mi versión chiquita y le prometí a la adulta que a partir de entonces ya nada sería como antes.
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Tal vez todo sería más fácil si fuéramos un poco más perros y menos humanos. Si pudiéramos ser felices con migajas y con lo que cae por descuido, atravesaríamos la vida con menos expectativas y menos heridas.
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Por más que organicemos y planifiquemos, la vida siempre encuentra cómo desviarse. En ese desajuste aparece una verdad incómoda: que el control es solo una ilusión que nos desconecta del presente y de lo que realmente importa.
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No escuchaste mis aullidos. Eran fuertes mis aullidos. Como de loba en pena, eran mis aullidos. Y aunque mi garganta diera todo de sí, No escuchaste mis aullidos.
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Es el síndrome del domingo, no te comas la cabeza.
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Historias de viejas empoderadas, monólogos de libre sexualidad, maternidades imperfectas y personajes que rompen los estereotipos.
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El coqueteo virtual a través de una pantalla trajo consigo nuevos códigos que aún no terminan por esclarecerse. Un like, dos likes, un guiño, un corazoncito. ¿Qué me quieres decir?
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Hoy cumplo un mes de haber vuelto a mí, después de más de 15 años cargando el peso de los estereotipos culturales propios de las sociedades superficiales y machistas. Hoy sin-teticas me siento libre, más sana, más bella y más perfectamente imperfecta que nunca.
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Las luces de navidad me ponen en modo festivo, algo parecido a cuando salgo de compras, por alguna razón me dan ganas de salir de fiesta. El conflicto está en que ya no sé cómo salir a rumbear.
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Llegué a los 39 y cumplirlos me ha pegado un poco más fuerte que en años anteriores, así que este artículo no va por el lado de «me siento más joven que nunca» y “los 40 son los nuevos 30”.
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El tapabocas llegó para quedarse, he aquí 5 razones por las que puede convertirlo en su mejor amigo.
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Mientras deambulaba en ese monstruo mercantil caí en cuenta de una cosa, y es que esta vez pude hacer algo un poco bizarro pero reconfortante: hablar sola bajo el manto del tapabocas sin que nadie se diera cuenta ¡ni siquiera yo misma!
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Adoro hacer listas. Soy una mujer de listas.