To Do List

En mi escritorio tengo dos herramientas que para todo contemporáneo parecerían tan obsoletas como risibles. La primera es una calculadora Casio MZ-12S, cuyo nombre es bastante pretensioso, pues solo sirve para realizar operaciones básicas y sacar porcentajes. Cada vez que la uso me imagino con una visera transparente de color verde y un lápiz en la boca, o con el monóculo del señor de monopolio. Me niego a usar la del celular o la del computador. Me encanta la sensación de oprimir los números con un golpe un poco exagerado, como si estuviera sacando las cuentas de la tienda de mi barrio.

La segunda herramienta, es un cuaderno anillado en el que apunto absolutamente ¡TODO!, incluso los malos pensamientos; pero sin duda y con total determinación, lo que más me gusta apuntar en esas hojas en blanco, porque los cuadernos rayados o cuadriculados son justamente eso: cuadriculados, son las listas.

Adoro hacer listas. Listas de tareas del trabajo, listas de tareas de la casa, listas de compra, listas de viajes, listas de cuentas por pagar y cuentas pagadas, listas para todo y por todo. Soy una mujer de listas.

He intentado digitalizar mi pasión por enumerar los “to do” bajando aplicaciones que permiten organizar las tareas por fecha, categoría y prioridad, sincronizadas con el correo electrónico, con colorcitos e iconos muy bonitos, pero no me basta. Lo mío es el papel y esa sensación de hacer check con un resaltador neón sobre la actividad finalizada no me la quita nadie.

Cuando voy al supermercado me convierto en una señora mayor. Llevo la lista de los productos que necesito en el bolsillo y mientras voy seleccionándolos, en mi mente voy tachándolos. Aún así siempre se me olvida alguna cosa y siempre termino llevando algo innecesario que no estaba apuntado. Si voy a hacer un viaje largo, días antes hago una lista de lo que voy a empacar y si mis compañeros de viaje me lo permiten, disfrutaré como una niña haciendo una lista de los sitios imprescindibles para visitar. ¿Me cuesta decidir algo importante? lista de pros y contras. ¿No puedo quedarme dormida? lista mental para apuntar mañana.

Posiblemente esa necesidad ¿o deseo? de enumerar las cosas sea una consecuencia de mi medianamente diagnosticado TOC, ese mismo que me obliga a ordenar mi ropa por colores y a doblar una y otra vez las camisetas hasta que queden en perfecta sincronía. ¿crazy? puede que sí, pero las listas me ayudan a organizar mi mente dispersa y alimentan el deseo por culminar las tareas pendientes, porque repito, esa sensación de ver todos los renglones alumbrados en resaltador neón, no me la quita nadie.

Descubre más desde Después de los 30

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo