Soy fan de las luces de navidad. Si pudiera tendría mi casa forrada en extensiones de luces blancas titilando arrítmicamente todos los meses del año. En mis años universitarios lo hice, clavé en todo el techo de la sala de mi apartamento extensiones de luces que enmarcaban una bola de disco colgada en el centro, hecha por mí con retazos de Cds pegados a una esfera de icopor. Toda una obra de arte y el lugar perfecto para que mis amigos se sintieran en una discoteca sin tener que pagar la entrada.
Las luces de navidad me ponen en modo festivo, algo parecido a cuando salgo de compras, por alguna razón me dan ganas de salir de fiesta. El conflicto está en que ya no sé cómo salir a rumbear.
El sábado me pasó. Salí a caminar a mis perros y los árboles del barrio iluminados me animaron a volver a casa, quitarme la sudadera y el saco de capucha que llevo usando meses, peinarme un poquito más y volverme a poner un atuendo decente. Me serví una copa de vino y puse música. Me metí en la ducha. ¡hoy es el día de retomar los bares!
Salí del baño con la toalla en el pelo y mientras pensaba en cuál pantalón desempolvar del armario, vi mi cama, mis dos perros, la pijama sobre las cobijas y hasta ahí me llegó el impulso, que debo decir, ha sido el más largo y real que he tenido en mi último año en la ciudad.
Lo que empezó con un confinamiento que de forma obligatoria nos alejó de los sitios de fiesta, involuntariamente pasó a ser mi elección por defecto y ahora aunque lo desee, no tengo idea de cómo hacerlo. Sí, así de absurdo.
¿A dónde voy? desconozco qué sitios están de moda y aunque lo supiera ya no estoy para hacer las filas, sonreírle de manera hipócrita al bouncer, esperar para orinar en un baño vomitado e intentar bailar en medio de cientos de personas.
¿Qué música ponen? Seguramente reguetón, pero no en el que yo me quedé y aunque supiera las canciones, no sabría cómo bailarlas. Me convertiría en una tía intentando llevar el paso de sus sobrinos en la fiesta de año nuevo. !me rehuso! (Como dice una canción de reguetón, no estoy tan perdida)
¿Aún existen los bares que me gustaban o se han convertido en una ferretería?
¿Encontraré en los bares que me gustaban el mismo rollo y la misma gente de antes?
¿Podré levantarme mañana temprano a sacar a mis perros?
Muchas preguntas. Pocas respuestas.
Mejor me quedo en casa, me sirvo otra copa de vino y saco del baúl la extensión de lucecitas blancas arrítmicas de navidad.
