La Peste

En 1947 se publicó “La Peste” de Albert Camus, una de las grandes obras literarias del siglo XX. El relato existencialista, en el que el autor se sitúa como testigo directo de los hechos, se desarrolla en Orán, Argelia, ciudad monótona y rutinaria en la que sus habitantes dedican su existencia a la única función de trabajar para acumular dinero, bienes y prestigio, hasta que una alarmante y contagiosa epidemia les toma de imprevisto y les trastoca sus prioridades, sus deseos, sus libertades – que en realidad no existían- y su comportamiento frente a los demás. 

Orán entra en cuarentena, sus fronteras son cerradas bajo estricta vigilancia. La que antes sería una aburrida y tediosa ciudad, se convierte en un epicentro de caos que más adelante se transformará en locura. En medio de esa podredumbre que se cuece por los cadáveres de miles de ratas que inundan las calles y los cientos de enfermos, que como las ratas también fallecen, -(porque la plaga no es elitista, no conoce la diferencia entre animales y humanos, mucho menos entre un rico y un pobre; la plaga, a pesar de su inclemencia, conoce más que nadie la verdadera esencia de la humanidad-), aparece un personaje clave: el Doctor Rieux, héroe que intenta a toda costa detener esta imprevisible tragedia que obliga a los Argelinos a replantear sus prioridades: ahora todos y cada uno de ellos desconocerán el valor del dinero, otrora el poder supremo, para concentrar sus fuerzas en la lucha por la supervivencia.

Camus narra los hechos desde una posición neutral, un observador que sin emitir juicios logra que los lectores podamos comprender la metáfora del título de su obra. “La peste” es en realidad un mal moral que se propaga sin control, incluso contagiando las mentes de quienes físicamente seguirán sanos. Esta horrible, astuta y escurridiza plaga, tiene el poder de llegar hasta el más recóndito rincón en el que se esconden los hombres atemorizados, y la forma en que decidan afrontarla se convertirá en un complejo desafío desde su individualidad y como sociedad. ¿Cómo detenerla?

Pues bien, al mismo tiempo que esta peste aniquila sin compasión, impidiéndole al valeroso Dr. Rieux su heroica labor, también es capaz de despertar profundos sentimientos de solidaridad que jamás habían aflorado en los ciudadanos de Orán quienes hasta ahora solo conocían su egoísta y materialista individualidad. De una manera esperanzadora, casi al final de sus páginas, el libro nos deja una moraleja, predecible quizás, pero igualmente cierta: los momentos de crisis sacan lo peor o lo mejor del ser humano, en el caso de los Oraneses fue lo segundo.

Con seguridad Albert Camus sabía que en los años y siglos venideros, la humanidad pasaría por situaciones que serían el espejo mismo de lo que sus manos habían escrito. Su Peste hoy tiene un nombre científico, El Dr. Rieux son todos los médicos y enfermeras que se están dejando la piel en los hospitales y los Argelinos somos nosotros, quienes estamos hoy ante una pandemia que nos plantea el desafío de sacar lo mejor para afrontar la crisis, y a diferencia de la historia de la cual hago reseña, hasta el momento no lo hemos hecho. Unos se aprovecharán de la situación, tal cual ya se está haciendo con la compra irresponsable de tapabocas y medicamentos, otros dejarán que el pánico se adueñe de sus días haciendo más larga la situación, otros aprovecharán su tiempo en casa para hacer lo que la calle les ha quitado, pero todos, de una manera u otra, dejaremos de pensar en la materialidad de nuestras vidas frente al sentirnos seguros y sanos. 

Probablemente más temprano que tarde todo pasará, y tal cual lo relata Camus, de entre las cenizas resurgirá la calma y celebraremos la partida de la enfermedad. Poco después dejaremos de recordar a los muertos y víctimas, y nos olvidaremos de la Peste, craso error que habremos cometido, porque al olvidarla no hacemos más que alimentarla y abrirle nuevamente el camino hacia nuestras mentes, hacia nuestra rutinaria vida que volverá a priorizar el dinero, la acumulación, el derroche, la saturación de nuestros recursos naturales, la indiferencia frente a los animales y la naturaleza, el “primero Yo, segundo Yo y tercero Yo”. El virus del individualismo que es más letal que cualquier enfermedad y nos convierte en eternos portadores.

La última página del libro cierra con una reflexión del Dr. Rieux mientras observa la población que celebra su victoria frente a la plaga: “el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa”.

Para mí ese párrafo lo dice todo. 

Por: @SylviaRugeles

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